Escándalos de vacunación VIP en Argentina y Perú desatan olas de críticas en el mundo

El acceso privilegiado a la vacunación contra el COVID-19 creció en estos últimos días con la presentación de varias denuncias en Argentina para que la Justicia investigue los hechos, mientras la oposición reclama transparencia y el gobierno de Alberto Fernández concretó el cambio de mando en el Ministerio de Salud en medio de la pandemia. Esto se suma a la crisis generada en Perú, en donde también se dio que ser amigo del poder pasó a ser una ventaja inestimable a la hora de inocularse.

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El “vacunagate” peruano ha sido uno de los casos más resonantes de tráfico de influencias para obtener la vacuna contra el coronavirus; en un país sumergido en una de las crisis sanitarias, económicas y sociales más severas de América Latina. La Fiscalía Anticorrupción de Perú pidió la detención preventiva de 7 funcionarios implicados en dicho caso que, a su vez, podría derivar en la inhabilitación política del expresidente Martín Vizcarra, depuesto por el Congreso.

Un expresidente, dos ministras, un centenar de funcionarios, académicos, el dueño de un restaurante chino y el nuncio del Vaticano figuran en la lista negra de las 487 personas que se vacunaron en secreto para inmunizarse antes que nadie en el país. Fue el propio presidente quien reveló que eran casi quinientas personas los vacunados irregularmente antes del comienzo de la campaña nacional de inmunización, que comenzó en Perú el 9 de febrero con el personal sanitario. La lista completa fue publicada por los medios posteriormente.

Al menos el 25 % de las personas que se vacunaron de forma ilícita correspondían a trabajadores del Estado.

Las irregularidades se produjeron con un lote exclusivo del suero del laboratorio chino Sinopharm, que estaba dedicado a la vacunación del personal encargado del ensayo clínico de esta vacuna. El laboratorio envió la cantidad extra de 3.200 dosis “para ser administradas voluntariamente al equipo de investigación y personal relacionado al estudio”.

Ese cupo fue dividido: 1.200 quedaron supuestamente en manos de la Embajada de China en el país y 2.000 en manejo del equipo encargado, que las facilitó a petición de las autoridades peruanas y sus contactos cercanos. Todo ello bajo el auspicio del Ministerio de Salud y del Gobierno. El escándalo fue de tal magnitud que el pasado 19 de febrero la titular del Gabinete Ministerial, Violeta Bermúdez, anunció que 16 funcionarios del Ministerio de Salud y Relaciones Exteriores, todos ellos vacunados, ya no forman parte del equipo de Gobierno.

Una situación similar se vive en Argentina, en donde la Vacunación VIP llegó a inmunizar a políticos, sindicalistas, empresarios y gente cercana al poder por encima de los ciudadanos comunes. El presidente Alberto Fernández forzó a renunciar a su ministro de Salud, Ginés González García. Aún no se sabe cuánta gente recibió la vacuna por esta vía.

El país que fuera “la envidia del mundo” según las expresiones del mandatario a inicios del 2020 por el hasta entonces control de la pandemia, hoy vive un clima de tensión potenciado también por la crisis económica y social. Mientras miles de argentinos intentaban reservar un turno para inmunizar a sus padres o abuelos, en el segundo piso del Ministerio de Salud de la Nación funcionaba una especie de Vacunatorio VIP: un sitio secreto en el que inmunizar políticos y amigos del poder en general.

Con el pasar de los días, las sospechas de los argentinos aumentaban exponencialmente. Día tras día aumentaban las denuncias de que alcaldes peronistas de diversas ciudades pequeñas decidían vacunarse entre ellos además de sus familiares, hijos, aliados y militantes políticos. Era solo el modelo a menor escala de lo que sucedía en el Ministerio de Salud.

“Desaparecieron vacunas, se descartaron lotes por perder su cadena de frío, se acusó al oficialismo de politizar la vacunanción y la oposición presentó un proyecto para modificar el Código Penal con el fin de penalizar la violación del orden de beneficiarios”, señaló el diario argentino La Nación.

Luego del escándalo, Alberto Fernández se pronunció: “Le pedí la renuncia con dolor a Ginés, pero lo que hizo es imperdonable. La política es ética, tenemos que terminar con este tipo de prácticas, con la cultura argentina de la viveza”. El ahora ex ministro de Salud argentino fue el eje del caos tras conocerse en un programa de radio que un amigo periodista suyo pudo acceder a una de las primeras dosis de la Sputnik V.

“Decidí vacunarme. Me puse a averiguar dónde hacerlo, llamé a mi viejo amigo Ginés González García – a quien conozco de mucho antes de que fuera ministro – y me dijo que me tenía que ir al Hospital Posadas… Cuando estaba por ir recibí un mensaje del secretario de Ginés que me dijo que iba a venir un equipo de vacunadores del Posadas al Ministerio y que fuera a darme la vacuna”, reveló el periodista oficialista Horacio Verbitsky, quien por la polémica perdió a su vez su espacio en la radio en donde trabajaba.

Argentina acumula más de dos millones de contagiados y más de 50.000 muertes por COVID-19 desde el inicio de la pandemia. En su carta de renuncia, González García, quien fuera ministro de Salud también entre el 2002 y 2007 y embajador ante Chile entre 2007 y 2015, alegó que hubo un “malentendido”.

Mazzoleni abre paraguas

El ministro de Salud de nuestro país, Julio Mazzoleni, fue tajante de su cuenta en Twitter:

“Quiero ser claro, a quien se descubra haciendo algo indebido con las vacunas se lo va a destituir”, declaró en la noche del domingo 21.


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