Perseverance: ¿por qué es importante su llegada a Marte?

Tras casi siete meses desde su lanzamiento desde Cabo Cañaveral, el rover Perseverance aterrizó el pasado jueves en nuestro planeta vecino Marte. Se trata del siguiente paso en la misión de la NASA Mars 2020 cuyo objetivo es responder a la gran y mítica pregunta: ¿Hubo alguna vez vida en Marte?

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Tras un viaje de aproximadamente 480 millones de kilómetros que inició en julio de 2020, el robot explorador más sofisticado jamás enviado al espacio, el Perseverance, llegó a Marte este 18 de febrero. La última misión de la NASA en este planeta fue la del rover Curiosity en 2012. Precisamente, el vehículo estrella de la misión Mars 2020 se basa en el diseño de su predecesor aunque con mejor tecnología. Cabe mencionar que esta misión tenía que realizarse en estos siete últimos meses que son los que permiten unas mejores condiciones entre Marte y la Tierra.

El Perseverance descendió hasta la superficie marciana sujetado por una “grúa celestial”. Para ello, sobrevivió a los llamados “siete minutos de terror”, el período de ingreso y descenso en la atmósfera marciana en que la temperatura y el riesgo eran máximos. El lugar escogido es el cráter Jezero porque, según los científicos de la agencia espacial estadounidense, este agujero en la superficie marciana albergó un lago en algún momento del tiempo. Por esto, se tratará de buscar microorganismos u otros signos de vida anterior en el planeta rojo que también puedan arrojar pistas de cómo puede evolucionar nuestro planeta.

La tecnología del nuevo rover servirá para testar un futuro (y ojalá próximo) viaje a Marte con personas. El Perseverance actuará como avanzadilla en el planeta recopilando información y pruebas para que el ser humano pueda colonizar el planeta. El mencionado rover está equipado con un brazo robótico de más de 2 metros de alcance junto a 19 cámaras y sensores para no perder detalle. 

Momento de aterrizaje del ‘Perseverance’ en Marte, el 18 de febrero. (Foto: NASA)

En la primera parte de esta misión, una vez aterrizado el rover, este analizará y escogerá unas veinte muestras a lo largo de varios años, según las estimaciones de la NASA. Posteriormente, se sellarán las muestras hasta 2030 para que queden protegidas. En esa fecha, otra sonda de la NASA se acercará hasta Marte y traerá a nuestro planeta las cápsulas con las posibles evidencias de vida para su estudio. Su misión inicial durará un año marciano (aproximadamente dos años terrestres), aunque es difícil pensar que la agencia se limite a eso, si es que todos los instrumentos se mantienen en buen estado.

Un científico adjunto a la misión Mars 2020, Ken Williford, expresó lo siguiente: “Esperamos que los mejores lugares para buscar formas biológicas sean los sedimentos de la costa. Ya sea que encontremos vida o no en Marte, los datos que extraigamos nos permitirán saber cómo evolucionan los planetas rocosos como el nuestro. Y también, ¿por qué Marte se convirtió en un páramo inhabitable mientras la Tierra sigue albergando vida?”. 

Las estimaciones de la agencia espacial se basan en el estudio de zonas similares al entorno de Marte como lo puede ser el oeste desértico de Australia entre otros.

El equipo de investigadores pretenden encontrar una característica de la superficie que no pueda atribuirse a nada más y nada menos que a la vida microbiana antigua. Uno de esos ejemplos particulares sería encontrar un estromatolito. En la Tierra, los estromatolitos son montículos rocosos ondulados formados hace mucho tiempo por la vida microbiana. Algo que no se puede atribuir a los procesos geológicos.

Una de las primeras imágenes a color enviadas por el Perseverance. (Foto: NASA)

¿Por qué ir a Marte es tan importante? ¿Qué sentido tiene la exploración humana del planeta rojo?

En la actualidad se considera que Marte es el otro planeta de nuestro sistema solar más habitable a nuestro alcance. Esto lo convierte en el mejor escenario para confirmar la existencia de vida fuera de la Tierra y, en pocas palabras, en el planeta rojo podría hallarse la respuesta al grandioso enigma de la vida.

Su exploración, primero por vía telescopios y después por medio de naves en órbita y robots en la superficie, ha mostrado que es un planeta muy interesante. A pesar de tener la mitad del tamaño de la Tierra, cuenta con accidentes geográficos colosales, los mayores del Sistema Solar de hecho. Tiene el volcán más grande, el monte Olimpo, con una altitud de 23 kilómetros. También el mayor sistema de cañones, Valles Marineris, con una profundidad máxima de 7 kilómetros y una longitud que recorre un cuarto del ecuador marciano. Además, cuenta con la mayor cuenca de impacto conocida, Vastitas Borealis, que ocupa el 40 % de su superficie.

La ausencia de cráteres en las tierras bajas podría deberse a la presencia en el pasado de un gran océano que protegió la superficie de los impactos. La presencia de agua líquida en el Marte primitivo se deduce a su vez de los cauces secos observados “in situ” o desde órbita. También la confirmación de la existencia de lagos que rellenaron cráteres, como el caso del cráter Gale, lugar de estudio del rover Curiosity de NASA.

Hasta la fecha este ha sido el hallazgo más importante de la exploración robótica marciana. Confirma que la Tierra y Marte fueron bastante parecidos, contando ambos con abundante agua líquida en su superficie. La aparición de la vida en la Tierra en ese entonces nos lleva a plantear la posibilidad de que también pudiera haberse iniciado en Marte.

También se ha encontrado más recientemente que el planeta todavía mantiene cierta actividad sísmica. Los más de 480 terremotos detectados hasta el momento por el sismógrafo a bordo de la plataforma InSight prueba de que Marte aún conserva un corazón palpitante. Además, se ha constatado que el campo magnético global del planeta es mayor de lo esperado.

Aunque aún guarda sus secretos, nuestro planeta vecino ha proporcionado respuestas a algunos de los grandes enigmas de la ciencia. Ha provocado un profundo impacto en la cultura e impulsando de modo decisivo el avance de la ciencia en los últimos siglos. Las próximas décadas serán cruciales para su exploración. Ahí radica en parte la importancia sobre los trabajos en este planeta que, si todo marcha bien, será el siguiente gran paso para la humanidad en esta década.


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