La pandemia y su efecto en la salud mental de los músicos

La repercusión que tuvo el caso de Rolando Chaparro desnudó al menos un par de aspectos de nuestra realidad actual: los fuertes efectos psicológicos de la pandemia en músicos y artistas, y la falta de empatía y conciencia de un sector de la sociedad paraguaya ante las enfermedades mentales, en particular, la depresión.

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Ante la noticia de que el músico Rolando Chaparro sufría de un cuadro depresivo y de intoxicación por psicofármacos, se sucedieron inmediatamente decenas de mensajes de apoyo y llamados a la solidaridad, de manera a solventar sus gastos de ingreso y permanencia en un centro asistencial. La respuesta positiva y solidaria vino mayormente del sector artístico y de los medios de prensa; sin embargo, en una porción de la opinión pública en general, la reacción fue un poco distinta.

“Tomate una cerveza, pelotudo”, “Un buen cintarazo. Y a trabajar como ayudante enseguida te devuelve a la realidad. Opa depresión”, “Uno vive despreocupado, viva la pepa, tipo jipi y cuando las papas queman, ¿pido colaboración pio? ¿Cómo un humilde mercadero que se levanta a las 3:00 hs de la madrugada y labura realmente (como negro) no se pasa pidiendo “ayuda” cuando tiene que internarse?”, “La depresión le agarra a personas débiles de mente con falta de personalidad, debe dejar un poco la guitarra y hacer otras cosas, lo mejor es tenerle a DIOS siempre a tu lado”. Son algunos de las frases que se pudieron leer en redes sociales y secciones de comentarios de portales de noticias.

Rolando Chaparro, músico paraguayo de vasta trayectoria.

Estas afirmaciones reflejan la ignorancia e incluso el tabú que sigue existiendo en Paraguay con respecto a las enfermedades mentales. Los milennials fueron talvez la primera generación en empezar a romper el molde y buscar ayuda psicológica ante problemas como el stress, ansiedad o depresión; sin embargo, el legado que se debe cargar es todavía pesadísimo: nuestros padres y abuelos, en su abrumadora mayoría, jamás acudieron al psicólogo, y veían la depresión o ansiedad como un signo de debilidad, o incluso de falta de hombría, en el caso de los varones.

Esta situación se refleja también en la ausencia de políticas públicas para combatir las enfermedades mentales: históricamente, se ha dado muy poco espacio a la difusión de información sobre las mismas, y el porcentaje del presupuesto de salud dedicado a la salud mental es ínfimo.

Pandemia y salud mental

El impacto de cuarentenas en salud mental: síntomas de estrés post traumático, depresión e insomnio son algunos de sus efectos.

Todavía debe medirse el impacto dramático que tuvo la pandemia del Covid-19 en la salud mental a nivel global. Sin embargo, como referencia, existen ejemplos históricos. El brote global de SARS en el 2003 fue asociado con un aumento del 30% en la tasa de suicidios en personas mayores de 65 años. Igualmente, investigaciones sobre comunidades afectadas por el virus Ebola (EVD) revelaron cuadros depresivos, de ansiedad, memoria deteriorada e insomnio en 33 a 44% de los pacientes ingresados con síndrome respiratorio agudo.

Está comprobado el impacto negativo de la aplicación de cuarentenas en la salud mental: síntomas de estrés post traumático, depresión e insomnio se cuentan entre sus efectos. La pérdida de empleos y problemas financieros, consecuencias de la recesión global, también suman para completar un mapa de declinio global en salud mental. ¿Y en qué lugar se encuentran los artistas dentro de todo esto? Probablemente en el más incómodo.

Bienvenido al mundo artístico modo covid

No hay shows, o si los hay, el público es muy limitado y el cachet mucho más bajo que lo normal. Teatros y salas de conciertos cerradas la mayor parte del año. No existen las giras. Tampoco los viajes puntuales al exterior (o interior) para un festival o evento específico. Nada de eventos sociales, como cumpleaños, bodas, etc. por varios meses, hoy en día tímidamente se van reactivando. ¡Bienvenido! Así fue el mundo laboral artístico en 2020. Y lo peor: mientras todos los sectores se reabrían, a los músicos les tocó verse siempre como últimos en la lista.

Debemos recordar también que de por sí los trabajadores de la música han tenido que enfrentarse a una gran serie de cambios en la industria en los últimos años: por ejemplo, la muerte del formato físico, que representaban la principal fuente de ingreso para los autores, y la aparición de las plataformas digitales, que hasta hoy en día remuneran muy pobremente. Las presentaciones en vivo continuaron siendo una opción más potable para tener un flujo constante de dinero, y si hoy en día le sacás los conciertos a un músico, no le queda nada.

No todo ha sido malo. Para los que tienen la música como hobby o distracción, la cuarentena ha sido un paraíso, la oportunidad perfecta para empezar o terminar algún proyecto casero para el que anteriormente no había tiempo. Sin embargo, para los que viven de la música, fue más bien un infierno. Rolando se encuentra sin duda dentro del segundo grupo. Grupo ya de por sí estigmatizado por el famoso “¿Sos músico? ¿Y para ganarte la vida qué hacés?”.

Resta practicar la empatía, la comprensión y fomentar el espíritu solidario (además de las políticas públicas). No debería ser tan difícil; no es una crisis que afecte solo a Rolando, o a los artistas, o a unos cuantos. Cualquier persona dentro de cualquier franja laboral podría estar en idéntica situación, y de hecho, miles de paraguayos deben estar ahora mismo pasando por lo mismo, aunque se nieguen a ir al psicólogo. He ahí la cuestión, queda intentar cambiarla o ser parte del problema.


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